Historias a patadas

Donde el futbol no es sólo un juego de niños...

Sunday, June 11, 2006

Las cosas están ahí; puedes acariciarlas


Mientras todos sus amigos disfrutaban de la música, de las noches, de las copas, a veces también de los excesos, Agustín Delgado, convencido, marchaba temprano a dormir. Deberes inaplazables de todo deportista
Pedro Díaz G. / II

¿Por dónde empezar?

Agustín lo hizo desde siempre: tocaba el balón sin cortapisas cuando daban las tres de la tarde y las tareas escolares estaban apenas cumplidas.

...No me gustó la escuela asegura. Prefería jugar todos los días. Todos.

Por ello, cuando terminaba de comer, el Valle del Chota se convertía, se convierte aún, en un páramo en donde los niños brincotean y tejen ilusiones al ritmo de un balón de futbol.

Marcharía pronto a descubrir el mundo, Agustín Delgado. Tan pronto como sus ilusiones conjugáronse con el azar.

Inclusive su historia pudo ser más sorprendente aún, después de que las discusiones en casa se hicieron constantes y el afán por no volver a clases iba ganando terreno a la tenacidad materna por reencarrilarlo a los estudios. La trama, que comenzó de muy pequeño, tomó especial sentido en 1987, cuando en Ecuador se disputó un campeonato sudamericano Sub 16.

Agustín: Fue ahí donde me enamoré del deporte, con más ganas. Ahí mis ideas iban tomando forma. Veía a los jugadores y me sentía en la cancha. Yo nadamás jugaba en el barrio, no me había metido a lo que es el futbol profesional y todo esto. Sólo en el barrio, al salir de la escuela en Ibarra, la ciudad en la que crecí. Participaba en los todos torneos que tenemos ahí: a ese sudamericano asistí a todos los partidos, y me embelesaba con cada jugada. Recuerdo que en ese entonces tenía 13 años y una sola inquietud en la cabeza: futbol.



Yo también quiero

¿Por qué ellos sí?

Un día, apenas terminando el primer curso en la escuela, lo decidió el pequeño: no más, dijo a su madre, quien enseguida comenzó a cuestionarle.

Yo también quiero estar en un equipo grande de futbol dijo a su madre.

La intranquilidad que le dejó aquel sudamericano le llevó a formalizar sus planes: se inscribió entonces en una escuela de futbol, en Ibarra. Y se aseguró que nada lo detendría ya. Espíritu de aventura, lo tenía. Y un hermano en la ciudad que sin reparo y con afecto le recibiría. Jugué muy poco en esa escuela de Ibarra. El viaje era irremediable: al siguiente año me fui a Quito.

Dejar casa a los 14

...Irte. Bueno, la verdad no es nada fácil. Por el contrario: es muy difícil. Porque a esa edad dejas a tu familia, dejas a tus amigos. Dejas prácticamente todo lo que tienes. Empacó maletas Agustín y no volteó la mirada.

Pero la verdad es que te digo: habían salido, de donde yo soy, algunos jugadores antes y yo quería emularlos. Sí. Tenía a mi hermano Pedro Delgado que me ayudaba mucho pues llevaba ya algún tiempo viviendo allá. Siempre pasaba por mi. Hacía todas las cosas con él. Cualquier situación, estábamos ahí, juntos. Y es que la verdad: las personas que son de allá, de mi ciudad, son muy buena gente. Muy tranquilos. Me apoyan y todos desde el principio me hablaban, me atendían.

Agustín transita entre las explosiones de euforia, en las canchas del mundo, a una solemne tranquilidad con la que pasa sus días. Parsimonioso, lenta y precisa cada palabra, habla el jugador de lo que siguió, en esta historia de desarrollo. Ya establecido, sus pasos le llevaron a uno de los equipos, el Deportivo Quito. Habría que probarse. Y fue acaso en este momento donde las circunstancias se fueron acomodando; donde los primeros trazos de fortuna tocaron al jugador.

...Recuerdo que faltaba un mes para que terminara el torneo, yo entrenaba con el Deportivo Quito, y lo sorprendente fue que el entrenador Oscar Malbernard me pidió, habló con los directivos y les insistió para que me quedara. ¿Vio algún talento especial?, ¿comentó algo?

No responde el jugador, la faz transformada en modesto orgullo. Sólo me puso a jugar. Pero yo apenas tenía 14 años y ya estaba frente a aquellos de primera división. Quería por sobre todas las cosas que yo me quedase y algo se arreglara. Pero los directivos dijeron, lo recuerdo, que no. Que ya faltaba muy poco para acabar la temporada. Quizás después, pensé. Pero tampoco. Para el siguiente torneo, ese entrenador, argentino, salió del Deportivo y yo ya no tuve posibilidades de quedarme.

Pero algo se había sembrado y germinaba: Malbernard tenía la costumbre de entrenarle con los grandes. Rendía. Gustaba el pequeño, casi adolescente. Así que cuando preparaba al Deportivo Quito lo hacía enfrentado a equipos de segunda división. Por ello...

El Espoli, que ahora está en primera, me vio en alguno de aquellos encuentros de práctica. Y me buscaron, porque unos días después ya no estaba yo en Deportivo Quito. Respondí a su llamado y pronto me vi de nuevo en las canchas. Como si la vida le fuese indicando cada paso, justo, preciso, irrenunciable, los de Agustín venían marcados con la suerte: justo en esos días de su arribo a un nuevo club, hubo un torneo para seleccionar jugadores, un cuadrangular. Lo disputaron Nacional de Quito, Liga de Quito, Deportivo Quito y Espoli. El ganador viajaría a otras regiones del país. A, por ejemplo, Salinas, que es la parte de costa, con representantes de otras provincias. Esmeralda, Guayas... ...Recuerdo que nosotros, yo en especial, habíamos hecho un buen torneo; pero calificó Liga de Quito para representar a nuestra región. Nos quedamos muy cerca.

Todo parecía evaporársele al jovencito. El mismo así lo creía. Pero... No. La buena ventura siempre al acecho: Y entonces, que sucede: ellos me pidieron prestado para reforzarles. Fui a jugar, y como allá estaba toda la gente que seleccionaba, en ese entonces el yugoslavo Drusan Draskovic y sus colaboradores, bueno, fui convocado para una selección sub-17. Como mandaban oficios al club, allí fue donde me enteré. Y ahora, todo ensueños, partirían cargadas las maletas de propósitos, a otra ciudad importante: Guayaquil.

Tuvo que abandonarlo todo, una vez más, Agustín. Todo.

Así es la vida del futbolista dice convencido. Exactamente así.

Muy bueno: Arias

El trabajo y los logros es colectivo, apresura Raúl Arias, el técnico necaxista. Y se debe, con toda claridad, al ambiente que se disfruta en el campamento de Cuatitlán Izcalli, sede de los Rayos, advierte. Ahí concede Arias algunos conceptos sobre el ecuatoriano que lastimado llegó desde el Valle del Chota.

Mucho del éxito de este muchacho se debe a su relación con Aguinaga. Jugando con él se siente a gusto. Se identifican por ser compatriotas y porque los dos juegan un futbol que tiene similares características: son veloces, capaces y contundentes. También se debe su actitud en la cancha a que ha sido característica de Necaxa recibir bien a todos cuantos llegan. No es una explosión, Agustín. No nos está sorprendiendo con sus goles. Ya lo esperábamos. Es centro delantero de su selección, nosotros sabíamos estos antecedentes y por ello lo buscamos.

¿Cómo se dio su contratación?

Por la cercanía: estaba en Cruz Azul, no funcionó, y en cuanto ese equipo lo puso transferible, lo tomamos.

Apunta Raúl Arias: Hay un trabajo igual para todos, pero uno específico, de definición, de adaptación, incluso afectivo y de integración para cada uno: porque cada uno tiene una manera especial de seguimiento.

¿Cómo definir técnicamente a Agustín Delgado?

Muy bueno.

Cero fiestas; hay partido

Habla también Delgado de conceptos que puede, ahora, dibujar con rasgos más exactos. La vida, por ejemplo. De ella, de lo que le ha tocado, dice: ...Es algo así como que tú buscas tu destino... Como que tú sabes que puedes. Y ves que las cosas están ahí, casi puedes acariciarlas. Y piensas: hay que aprovecharlas al máximo. O sea: dejando de... yo diría, todo en base al sacrificio, y rindiéndote por completo al esfuerzo. Porque tienes que sacrificar muchas cosas. A tu familia, a tus amigos. Pero sobre todo dejar de hacer otras. Por ejemplo, un fin de semana, en vez de no sé, salir a bailar, o a pasear. No. Uno tiene que estar en su casa durmiendo, para jugar al otro día, completo, íntegro. Con toda responsabilidad. Diría que es así como... un... aferrarte a algo que sabes que lo puedes conseguir y que se logra sólo dando pequeños pasos; a veces casi imperceptibles, día a día. Puntual. Sin falta. Diseñando cada minuto de tu vida. Decidiendo qué hacer y qué no hacer; pensado siempre en tu futuro, en lo que quieres de ti mismo, hasta encontrar tus propias certezas, aquello que te hace sentir bien, y que te gusta hacer, por supuesto. En el pueblo de donde nosotros somos, después de la escuela, a las tres de la tarde, todos los días se juega futbol. Todos. Apostando, divirtiéndonos. Ni siquiera teníamos una cancha reglamentaria. No era en la calle pero era una menor que la mitad de otra con medidas oficiales; es ahí donde nace el futbolista. Porque el futbol no es más que de quien le gusta. Porque a él le debes entregar la vida entera.



No, no, el futbol no es ingrato

El apoyo llegó primero gracias al entrenador Oscar Malbernard, que al verlo le ordenó jugar con los grandes, a él, tan pequeño entonces en edad y tan alto ya como lo es ahora.

Y la verdad si él se quedaba, yo hubiese debutado en primera división desde mucho antes. Pero aquel salió y se dañó todo. Ahora, siempre que me topo con él, me abraza y se pone a echar bromas: que si yo te saqué; que si gracias a mí; que cómo voy, me pregunta. Y nos reconocemos con mucho afecto. Es muy buena gente y la verdad es que me ayudó muchísimo. Pero como te digo, creo haber tenido un don de suerte, porque todas las cosas me han salido así, como muy rápido. Pero no todo, a pesar del buen azar, funciona como debiera.

Agustín: Claro que aquí suceden muchas cosas que el futbolista sólo ve pasar. Como los cambios de residencia, constantes, imprevistos. A veces sorprendentes. Para bien o para mal. Afortunadamente a mí lo que me ha pasado hasta ahora son puras cosas buenas. Pero no, el futbol no es ingrato, no, no.

Sin embargo, hace una pausa apenas perceptible Agustín Delgado mientras Nataly corre buscándole a su regreso: ...Hay muchas cosas; hay cualquier tipo de malicias; hay buena gente y mala. Un poco de todo. Pero uno debe estar bien despierto y saber con quién anda. Cuando a uno le empiezan a salir las cosas bien, te encuentras amigos por todos lados. El futbol es así. Gente que te saluda, que te invita. De todo, de todo. Pero uno tiene que estar, y eso es lo más difícil, pienso, de este futbol, muy pero muy despierto con respecto a la gente.

¿Cómo sortear las inconveniencias?

Revela la fórmula Delgado. La suya: Yo traté de no estar con gente que no me era común, con extraños. Normalmente yo siempre andaba con quienes conocía, con mis primos, por ejemplo, tengo muchos primos; o de la mano de mi hermano primero, más tarde de mamá. Que luego se fue a vivir conmigo. Y es de ella, de ellos, de quienes más apoyo he recibido, siempre.



Febrero, 2000



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