Historias a patadas

Donde el futbol no es sólo un juego de niños...

Sunday, June 11, 2006

Tin Delgado: donde el mundo se parte a la mitad


En el primer partido de Ecuador en el mundial Alemania 2006, fue de Delgado la genialidad que llevó al equipo sudamericano a vencer 2-0 a Polonia. Sorpresa, le llamaron muchos. De la esencia del balompié habló largamente Tin Delgado una tarde hace seis años. Este es su testimonio; aquí, su concepción del futbol:

Pedro Díaz G. / I

No lo pensó mucho, frente al arco. Simplemente tiró, como tantas veces lo ha hecho desde niño: el disparo de Agustín Delgado fue a estrellarse al fondo de la red. Gol. El del triunfo. Una vez más en sus botines.

Pero esta es una anotación de ensueño. Porque de las tardes jugando futbol después de clases, a este mediodía en Maracaná, pocos años han transcurrido. De los partidos entre amigos ocho contra ocho a la celebración multitudinaria en un Mundial de Clubes, apenas unos trazos de azar.

Gol.

Al Real Madrid.

Y Necaxa tiene el tercer lugar mundial.

Y sus compañeros le agradecen.

Y el equipo que obtiene, en premios, un millón de dólares por encima del Real (repartió el torneo 6, 5, 4 y 3 millones a los primeros cuatro; 2.5 al resto de los participantes).

--¿Cuál, la razón del éxito?

--Porque el futbol es lo mío. Porque este deporte es sólo de aquellos a los que les gusta. Agustín, líder goleador, campeón en su país, seleccionado ecuatoriano. Hombre tranquilo, sereno, charla de su vida, habla del futbol

Suficiente con desearlo

Respira profundo Delgado cuando el entrenamiento acaba. Sus compañeros en Necaxa, cansados, sudorosos, se alistan para salir. Otro día ha quedado atrás. Hace un breve repaso de su existencia, el jugador.

--Sí --evoca este moreno de 1.89 metros de estatura, la vida me ha dado mucho. Y me sorprende. Porque pareciera que es suficiente con desearlo para que las cosas se me cumplan: quería jugar en una selección y después, al poco, fui seleccionado. Anhelé participar en primera división y me compró el equipo de Barcelona, allá en Ecuador, y empecé a jugar porque los titulares se fueron a la Copa América y nos dieron mucha oportunidad a los que apenas llegábamos. La verdad es que las cosas, gracias a Dios, se me han ido dando; claro, todo se debe al trabajo y a las oportunidades.

Y a ese instinto de aventura que debe poseer un chico que a los 14 está convencido de irse; algo de errabundo se debe tener para abandonarlo todo. Todo. Por el futbol.



Demasiado serio

Posee una personalidad que agrada a todos. Sin embargo...

--Es demasiado serio --confiesa con un gesto de agrado que el cabello en perenne rebeldía revela, quien ha colaborado para que la magia de Agustín Delgado se vierta en cada avance del Necaxa, su compatriota Alex Aguinaga--. Quizás demasiado callado pero un gran compañero. Con su largo tranco, podemos hacer muchas cosas en el terreno de juego. Además, siempre está dispuesto y con una sonrisa. Es tímido. Y eso lo saben en el ambiente del futbol, también allá en Ecuador.

Siempre fue así, desde que en 1990 lo descubrió el entrenador montenegrino Dusan Draskovic, en aquel año director técnico de la selección ecuatoriana, y lo dio a conocer, primero, a nivel nacional.

Delgado viene del Chota, uno de los dos lugares en el Ecuador en donde la mayoría de la población es negra (el otro es Esmeraldas, la tierra de Iván Hurtado, que juega en Tigres, y de Ítalo Estupiñán, quien actuó hace varios años en México). Esta región, ubicada cerca de la frontera con Colombia, es una de las más olvidadas del país y los jóvenes que ahí crecen, como lo hizo Delgado, ven en el futbol la puerta de acceso a otro mundo. Quimera para salir de la pobreza.

El Tín, como se le conoce allá debido a su nombre, empezó a brillar en el club Espoli en 1991, en la segunda categoría del futbol ecuatoriano. De zaguero central pasó a delantero e integró la selección nacional Sub 20 que obtuvo el cuarto lugar en el Sudamericano de Medellín.

Al año siguiente firmó para el Barcelona, el club más popular del país, en donde comenzó a mostrar sus goles. Lentamente su fue consolidando y sus anotaciones lo convirtieron en titular.

Su llegada a El Nacional, en 1996, ratificó su casta de goleador, pues gracias a sus tantos este equipo obtuvo el título esa temporada.

A principios de 1997, Delgado regresó a Barcelona, luego de que había sido confirmado por El Nacional. Sobre su ida, el presidente de aquel equipo, Edmundo Luna, quien ese año también integraba la dirigencia, comenta que “cometimos el más grande error al dejarlo ir”.

De él Luna reconoce que es uno de los futbolistas más profesionales del país: tranquilo, cumplidor, en síntesis “un negro lindo”, señala el dirigente.

Con Barcelona volvió a ser campeón en 1997. Esa temporada defendió a la selección nacional en varios partidos de las eliminatorias para el mundial de Francia 98. Su mejor actuación fue en el partido frente a Uruguay, en Quito, jugado en febrero de ese año, y en el cual anotó dos de los cuatro goles del equipo, que ese día barrió a los celestes.

Su título con Barcelona le sirvió para fichar en 1998 por el Deportivo Independiente de Medellín, Colombia, y posteriormente por el Cruz Azul y el Necaxa mexicanos.

Delgado es uno de los fijos en la selección ecuatoriana, titular indiscutible, junto con los delanteros Ariel Grazziani, Eduardo Hurtado y el mismo Jaime Iván Kaviedes que actúa en el Puebla. Tín tiene dos ventajas en la vida: que no ha dejado de anotar goles en los últimos meses, y que transcurre sus días inmerso en esa sangre liviana, como se dice en Ecuador, es decir posee una personalidad que agrada a todos.

Introvertido, él mismo Tín se describe: --Mi esposa mejor se duerme; me dice que no platico nada. Y es en serio: no soy una persona que genere una charla. Si me preguntan, contesto.

De todo se habla en esta conversación, sin embargo.



De donde poco hay

En el estadio Maracaná, su gente, que ya se había entregado en todo el torneo a los sorprendentes necaxistas, esperaba expectante el desenlace.

Y entonces el equipo Necaxa, cuyo nombre que no atinaban a precisar en la televisión europea “Nejaca”, decían en las transmisiones; o “Necaja”, en el mejor de los casos, trascendió los límites y se quedó con el tercer sitio en el campeonato mundial de clubes.

Sobre el Real Madrid. Agustín Delgado sonríe, lo hace poco. Sí, dice mientras conduce por la avenida periférico hacia casa, donde Nataly le espera a comer. -...No tengo dudas: ese gol ha sido uno de los más importantes en mi carrera.

No quedé conforme

Ya se iba.

Pero se quedó. Agustín no olvida aquella sensación de saberse no funcional en un equipo, el Cruz Azul, que se lo hizo saber telefónicamente, cuando permanecía en su país. Llegó a México con una lesión y pocas oportunidades tuvo para demostrar. Ya se iba, después de aquella llamada, en busca de otros panoramas: Liga de Quito le requería. Pero entonces...

-¿Por qué seguir en México?

La respuesta se encuentra en el orgullo.

-Porque debía demostrar a qué había venido.

Lesionado como arribó, sus incursiones con la máquina fueron escasas. Así que, tras un torneo perdido, y estando él en Guayaquil, le dijeron que no. Que hasta ahí las cosas. -...Me contactó gente del Necaxa y al ver la posibilidad de seguir en México, ya en mejores condiciones, decidí intentarlo. No estaba conforme. Ahora lo estoy, pero tengo mucho más que ofrecer. Explica aquel trago, el jugador. Sus ojos empequeñecen cuando busca el término correcto, la palabra precisa, el sentimiento concreto. Atreve: -Vine a Cruz Azul y luego de tres meses de no tener actividad, recuerdo que fui a jugar un partido a la final, con Vasco Da Gama en 1998. Ese partido lo perdimos, jugué el de vuelta en Guayaquil. Y luego ya de regreso el Cruz Azul definitivamente me dijo que no. Que no tenía muchas posibilidades, regresé a mi país y luego ellos hablaron conmigo y me dijeron que no estaba en los planes, que el entrenador no me contemplaba. Yo iba a arreglar para el Liga de Quito. Había participado en la Copa Libertadores y me hablaron de Necaxa, que viniera, y la verdad es que tenía muchos deseos de demostrar lo que no había sucedido con Cruz Azul. Hablé con la gente de Liga de Quito, de que me dieran chance porque no quedé conforme y ellos muy gentilmente comprendieron mi situación; no hubo ningún problema. Vine acá para el torneo de verano el año pasado, en Necaxa terminé mi rehabilitación, me sacaron una placa del pie; iban como diez fechas y comencé a jugar. Esa temporada marqué cinco goles, lo que me ayudó bastante. La siguiente, ya mejor, desde el inicio, sin lesiones y con mejor preparación terminamos una muy buena temporada. Esta espero hacerla aun superior, porque estoy en mi nivel más alto, sin ninguna clase de problemas.



Cómo olvidar el terruño

Tín es de zona agreste, el Valle del Chota, en el área interandina de Ecuador. De clima cálido, este espigado joven supo del futbol allá, en donde los anhelos infantiles e inmediatos son que cada balón venza a un nuevo arquero: en la provincia de Imbabura, muy cerca de donde el mundo se divide en dos hemisferios.

Aprendió dando de patadas al balón todas las tardes, todas "tantas que no alcanzo a recordar cuál fue la primera", y lleva con orgullo su pasado. Como todos los chicos del barrio, supo de boca de los abuelos las tradiciones, sobre todo aquellas relativas al amor entre el taita Imbabura y el Cotacachi (a una altitud de 4 mil 939 metros, al sudoeste de Ibarra, y al norte de los páramos de Piñán, el Cotacachi es el único volcán en el área con constantes, aunque en pequeñas partes, cantidades de nieve. Tiene forma de una enorme torre y es de ahí de donde adquiere significado: en el dialecto de Caranquis: cota, significa torre, y cachi la alta colina. La gente indígena de Ecuador ve a las montañas como algo vivo, como dioses, o cosas que estuvieron vivas en el pasado. La leyenda reza que esta montaña, nombrada María Isabel Nieves Cotacachi, está casada con la montaña delante de ella, hacia el Este, “ Taita Imbabura” o como los locales lo llaman, Manuel Imbabura. Todas las colinas alrededor y entre los dos picos se consideran descendientes de estas montañas). No entiende cómo aquellos que viajan se olvidan de su tierra; él no lo hará.

Driblar con alegría

Con gorra, calentador, zapatos de lona y adornado con sonrisa vivaz y pícara la mirada, José Luis Ñauñe Quito vende papas fritas en el triángulo de la autopista al valle de los Chillos, allá en el Chota. Nació el 18 de agosto de 1982, segundo de ocho hermanos. José Luis sale de su casa, situada cerca del peaje, toma el autobús y se baja en el semáforo. Entonces gana la calle. Se siente en su elemento y comienza a vender. Sortea el tráfico. Se para en la mitad de la vía. Corre. Pero lo suyo es el futbol. Aspira a vestir la camiseta de Liga y entrar a la cancha de titular, como volante izquierdo. Por ello sigue los pasos de Aguinaga, Ítalo Estupiñán, Iván Hurtado, Agustín Delgado... Por eso ahora se entrena y dribla con astucia el tráfico. Como dribla con alegría la pobreza.



Tantas cosas...



Mirarlo desarrollarse en otras canchas despierta sentimientos encontrados. --Tengo buena amistad con la gente del deporte -confiesa Tín--; porque aquí conoces de todo. Buenos y malos. Por ello hay que andar con cuidado.

El rostro de Agustín Delgado se torna serio. No lo ha tratado mal el futbol, asegura el líder de goleo del futbol mexicano, pero...

“Suceden tantas cosas...”

Febrero, 2000

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