"Entonces podrán echar mis cenizas a la basura"...

Daniel Blancas/ Pedro Díaz G.
No se escucha ya la voz grave, pausada. No revienta como antaño su sonrisa. El placer al decir las cosas y el humor irremediable. Lo único que registra este panteón español es el ronroneo cáustico, sonido sin intermitencias, del horno en el que son cremados sus restos. Dos horas arderá el fuego, consumiendo a don Fernando Marcos, que alguna vez, hace muy poco, atrevía, acaso rebelde ante su propia muerte: El futbol mexicano va acceder al siglo XXI entre los diez mejores equipos del mundo. Espero que la actual organización bipartidista que controla a unos y otros equipos, no lo echen a perder. De no ser así, les doy permiso para que, entonces, puedan tomar mis cenizas y echarlas a la basura.
Una frase se repite en los labios: de hijos, nietos, amigos: “Estaba pidiendo su cambio”... Hay silencio en el cortejo. Hay también susurros. Del definitivo adiós, brota un anecdotario. Allá, en Gayosso; aquí: entre las cruces, 86 años reviven, lo mismo en voz de personalidades del periodismo, deporte y futbol, que en personajes anónimos a quienes el recuerdo los venció: Yo nunca conocí a Don Fer dicen—, pero aprendí mucho de él.
Las palabras viajan: se entrelazan: “Defendía a muerte sus ideas”... “Cada comida con él era una lección de historia”... “Nunca fue un hombre cerrado”... “Siempre envidié su memoria”...
‘Sabelotodo’, lo llaman sus nietos. Era mi héroe dice Alonso, uno de ellos.
Brincan las voces de un tiempo a otro. De 1930...
“Cuando él decidió ser futbolista, dijo a su padre: “Ya lo pensé bien: voy a jugar futbol profesional”. El papá le puso un plato de espagueti en la cabeza y le respondió: “Estás loco, vas a trabajar como cualquier muchacho de tu edad, nada de juegos”.
Al 2000...
“...Ya quería unirse con mamá (cuenta Fernando Marcos hijo). Se había cansado, aunque jamás perdió la felicidad, porque decía: “Me voy satisfecho con todo lo que hice”. Ya se junto con el amor de su vida (Doña Rosita López Montoya, compañera durante 55 años). Así lo quería”.
De cuentos, de amigos, se fue llenando la noche del 18 en Félix Cuevas, se llena la mañana del 19: el exportero Walter Ormeño, Alfredo del Águila, Carlos Albert, Jacobo Moret, Pedro Ferriz y...
Jorge Romo, secretario general de la Femexfut, anuncia: Es posible que se haga un homenaje a Don Fernando. Mandamos a sacarle una esquela porque sí, el futbol mexicano le debe mucho a este señor.
Entre rezos, los asaltos del tiempo (“de cuando quemaron el Parque Delta”...): “Nunca entres a un lugar, si no sabes cuál es la salida; principios básicos de sobrevivencia”, recomendaba.
Nada tuve que ver cuando nací; nada tendré que ver cuando me muera solía decir.
Del libro de apuntes
El futbol es una mujer que siempre amó.
He sido jugador infantil, delegado, jugador, seleccionado, director técnico, árbitro, comentarista... Pero, una mujer, ¿don Fernando? escuchaba la pregunta; y el hombre de la vasta cultura y los comentarios precisos, breves, apuntaba en sus últimas entrevistas: Mire usted, es como esa mujer que nos cautiva con su andar. Y luego a usted le preguntan ¿que te gusta más? “¡Todo!, ¡todo me gusta!”, lo mismo le digo yo del futbol.
Deleitó don Fernando a Alejandro Toledo, en entrevista el pasado octubre: “He sido un hombre afortunado. No he tenido contratiempos. Tengo muchos amigos, muchas anécdotas... He pasado una vida que no cambiaría por nada. Y ahora estoy esperando que llegue el final...”
¿Le teme usted a la muerte?
Lo que me da miedo es que llegue después de una enfermedad dolorosa, molesta. Pero, el morir... El único que no va a saber que está muerto soy yo... Estoy muy contento con la vida, pero no, no temo a la muerte.
Nació el 30 de noviembre de 1913. Su padre, don Eugidio, era asturiano; su madre gallega. “Mi familia tenía una casa de huéspedes en la calle de Ayuntamiento, a espaldas del cuartel militar. Ahí les tocó la Decena Trágica: les daban media hora para conseguir alimentos, después empezaban los balazos. Tengo entendido que papá es el que salía para conseguir qué comer, y córrele que te alcanzan.”
Le pegaba Fernando Marcos a todo lo que tenía delante de los pies. En el colegio francés fue compañero del “Titi” García Cortina. Todos los muchachos, acaso cien, con una pelota de tenis “jugábamos en el recreo unos partidos de futbol sabrosísimos”.
Un día, esperando en el diamante para un encuentro de beisbol que no se realizó (los contrarios no llegaron), en el llano de la Teja, pasaron unos muchachos que iban a jugar futbol. “Y me invitaron. Fuimos desde la Teja hasta la calzada de Tlalpan, a riguroso pie. Jugamos un partido. Y desde entonces me quedé en el futbol. Nunca más salí de ahí. Llegamos a formar un equipo tan bueno que nuestro rival, el América, no nos ganó ningún partido pero nosotros tampoco ganamos ninguno. Fuimos enfrentándonos, hasta que llegamos a estar las dos escuadras en la selección nacional. Mi equipo se llamaba Germania. Tenía su campo de futbol dentro de la cervecería central, en San Rafael.
Una de aquellas tardes regresó Fernando a casa y dio a conocer su decisión, ante la familia: Voy a ser futbolista dijo, ante el guiso de mamá. Su padre no tardó en reaccionar: tomó el plato con espagueti, lo levantó sobre los hombros del neofutbolista, y lo volteó encima.
¡Usted lo que va a hacer es terminar de estudiar! gritó entonces.
... Hasta que se acaba
Dos anécdotas más. La primera: Había un actor de la época, Ramón Pereda, que además practicaba futbol en el Club San Cosme. Don Eugidio y Fernando fueron a verlo jugar. De pronto Ramón Pereda soltó un balonazo que “me fue a dar a la panza”. El niño se revolcó en el suelo. El actor le pegaba muy fuerte a la pelota.
La segunda: Domingo en el Club España. Atlas contra España. Fernando y su padre tomaron lugar en la tabla que rodeaba el campo, con asiento y barra para recargar los brazos. Un señor, al lado de ellos, no dejó de gritar en el encuentro, hasta que hubo un altercado en el campo. Los jugadores se empezaron a dar de bofetadas. Terminó todo, y el niño Fernando se volvió hacia el hombre, que ya no gritaba. Le salía un chorrito rojo por la frente. Le había tocado un tiro, un disparo. El hombre estaba muerto. Son cosas que no se olvidan.
Como si lo hubiese dicho ayer, antes de las cinco: Toda mi vida me he jugado cosas importantes. soy un peleador, alguien que ha luchado siempre, y no me doy por vencido hasta el final. Esto dura hasta que se acaba...
El horno calla, como lo hace ya don Fernando. Sus cenizas, todo parece indicar, permanecerán en casa, aunque su deseo era que se mezclasen con las de su esposa, en la Iglesia Covadonga. Breve el cortejo; abundante, generoso su legado.
Julio, 2000

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